Con el culo

 Preparábamos un regalo-sorpresa para el abuelo, y nos lo pasamos genial.

Cuando mi hijo no había cumplido un año, conseguí hacerme con unas almohadillas musicales, del tamaño de una pandereta grande; cada una de un color, hechas de espuma y con un diapasón con el que se podía formar una escala musical. Comprobé que, sujetándole por debajo de los brazos y con pequeños saltitos de una a otra, nos divertiríamos un montón mientras escuchábamos los sonidos.
Le gustaba caminar sobre ellas y decía: “… pero me tito los zapatos, ¿vale?”

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