Si no fuese por ellas…

Me pasó el otro día, estando de vacaciones. Fui a recoger una chaqueta con un par de pantalones y un traje que me había comprado la semana anterior y me sucedió lo que os voy a contar.
Llego a la planta de caballeros con mi resguardo de compra y tras unos minutos de espera, me dicen que todavía no está en la tienda mi ropa y que, si no me importaba, me diese una vuelta que ellos me llamarían al móvil cuando la localizaran y podría pasar a retirarla. Efectivamente, al cabo de media hora, me llamaron y me entregaron en un par de perchas lo que había comprado y, tras un par de compras más, me marché todo contento a mi casa.
Como estaba de vacaciones, colgué los trajes en el armario y me olvidé por un par de semanas de ellos. Nada más regresar al trabajo, pillé el primer traje que vi, de los nuevos claro, era una americana para el verano, ligera y fresquita y uno de los pantalones que había comprado para esa chaqueta. Como un guante me quedaba y como estrenaba camisa también, pues mejor que mejor. Al día siguiente, la misma americana, pero con el otro pantalón. Lo mismo, hasta aquí todo perfecto.
Pero amigo mío, llegó el día en que quise estrenar el otro traje, éste era de chaqueta y pantalón del mismo color y también de verano, pero… cuando cogí la americana de la percha, me di cuenta de que no había pantalón, yo no comprobé nada cuando me lo dieron y estaba claro que esa chaqueta con otro pantalón que no fuese el suyo quedaría fatal, así que volví a dejar la chaqueta en su percha, me puse otra cosa y me marché un poco cabreado por la situación. -¿cuándo podré ir otra vez al 5º pimiento a solucionar el tema del traje? pensé.
Pasaron unos días, volvieron mi esposa y mi hijo de la playa (a la que yo no había ido porque, entre otras cosas, tenía que incorporarme a trabajar) y, una noche, le conté a mi esposa lo que me había ocurrido con el traje. – ¡si te lo cuento no te lo crees! le dije… –¿y a qué esperas para ir y solucionarlo? me dijo ella, …
Al día siguiente, cogí la factura de la compra y llamé al Servicio al Cliente donde muy amablemente me dijeron que llamase directamente a la tienda donde lo había comprado y hablase con la persona que me atendió (el la factura venía todo) y llamé. La primera persona que me atendió me dijo que me acercara por la tienda con la americana, la factura, etc y que allí comentara lo que me había pasado. Yo, sin embargo, le dije que prefería intentar solucionar el tema primero por teléfono para no tener que ir muchas más veces con el mismo problema, así que, también muy amablemente, localizó al vendedor que me había vendido los trajes y me lo pasó al teléfono.
Esta amable persona, tras escuchar mi relato e identificar a la persona que posteriormente me había entregado la ropa -que no había sido el mismo- vino a decirme lo siguiente:
Lamento, señor, lo que le ha ocurrido. No se preocupe porque vamos a buscar el pantalón, no se ha podido perder,pero en el caso de no encontrarlo, le vamos a llamar y le pediremos que venga de nuevo a medirse uno nuevo, del mismo traje y, que tras unos días podría recogerlo sin ningún problema ni coste alguno para usted.
¡Era justo lo que quería oír!. Así se lo hice saber y tras agradecer su amabilidad y la eficaz resolución del problema, quedamos en que en breve me llamarían por teléfono para darme noticias.
Yo se lo conté a mi esposa, por la noche y, aunque me miró con incredulidad y asombro, pensé que habría quedado satisfecha con mi estupenda gestión.
Al día siguiente suena la llamada del vendedor y me dice, más o menos, lo siguiente.
-Disculpe, señor, que le moleste de nuevo, pero … he hablado con mi Jefe de Departamento sobre su cuestión y, casualmente fue él la persona que le entregó la ropa cuando vino usted a por ella, y dice asegurar que le entregó todas y cada una de las piezas que componían su pedido. Que ¿cómo ha tardado usted tanto en reclamar?, que lo lamenta mucho pero que no hay nada que hacer …
Tras una breve charla de lo que me parecía el asunto, dejando claro que este vendedor quedaría al margen de mi furia y que el comentario sobre cuánto había tardado en comunicar la falta del pantalón me había parecido un tanto grosero y fuera de lugar, máxime cuando, a pesar del tiempo transcurrido, el Jefe de marras podía decir que recordaba exactamente haber revisado y entregado todo el género… colgué.
También se lo conté a mi esposa (para que luego no digan), nada más colgar, en un impás de mi trabajo, asegurándole que, al final, tendría que apañármelas para arreglarlo en persona cuando, a los 5 min. de colgar el teléfono, me llega el siguiente mensaje al móvil:
El pantalón del traje está en casa. Estaba caído encima de los zapatos, en el armario. Cuando vengas lo compruebas.

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