Romances Moriscos I

Por las cadenas sujeto
al viejo muro, soñaba
el cautivo con los cielos
espléndidos de su Patria,
cuando vio una golondrina
gorjeando en la ventana.
Y así dijo suspirando,
llenos los ojos de lágrimas:
” -Golondrina, que regresas
de las costas africanas,
¿anidaste en la palmera
que presta sombra a mi casa?
Al alegrar con tus trinos
las familiares estancias,
¿sollozando por mi ausencia
encontraste a mis hermanas?
¿Puede el brazo de mi padre
sostener aún la lanza?
¿Cuál de mis hermanos monta
en mi corcel de batalla?
¡Golondrina, golondrina,
acaso viste a mi amada
junto al brocal, silenciosa
llenar, bajo el Sol, el ánfora,
mientras al fondo del pozo
por mí su llanto rodaba?- “
Y tanto lloró el cautivo
las nostalgias de su Patria,
que en duro pavimento
un hoyo hicieron sus lágrimas.

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