En el principio era el ritmo. El pulso uniforme de la sangre que circula por el cuerpo de la madre, el flujo y reflujo de su respiración, la hondura del vientre, los ruidos roncos, el gorgoteo de los movimientos de líquidos dentro del útero, y en primer plano, casi ahogando al resto, el incesante galopar del corazón materno.
Transcurrió el tiempo, en este mundo donde aún no existía el concepto de tiempo, y entonces, un día, surgió un nuevo sonido: el gorjeo agudo de la risa de una mujer, al que al instante siguió el sonido de otra voz, esta más grave y más distante, pero potente en su efecto de todos modos. Después, quién sabe cuántos minutos, horas o días más tarde, una vibración musical, exquisita, atravesó la pared del útero. El sonido estaba hecho por un violín, y creaba una vibración electrizante, la sensación de algo totalmente nuevo. Una riada de otros sonidos siguieron al primero, algunos dolorosamente fuertes, algunos sublimes, algunos casi inaudibles, cada uno un eslabón de una cadena de oro que llevaba al mundo exterior a la criaturita que ya escuchaba activamente…

Don Campbell

El Tordo flautista
Era un gusto el oír, era un encanto,
a un Tordo, gran flautista; pero tanto,
que en la gaita gallega,
o la pasión me ciega,
o a Misón le llevaba mil ventajas.
Cuando todas las aves se hacer rajas
saludando a la aurora
y la turba confusa, charladora,
le canta sin compás y con destreza
todo cuanto le viene a la cabeza,
el flautista empezó: cesó el concierto;
los pájaros, con tanto pico abierto,
oyeron en un tono soberano
las folías, la gaita y el villano.
Al escuchar las aves tales cosas,
quedaron admiradas y envidiosas;
los Jilgueros, preciados de cantores,
los vanos Ruiseñores,
unos y otros corridos,
callan entre las hojas escondidos.
Ufano el Tordo grita; "¡Camaradas,
ni saben ni sabrán estas tonadas
los pájaros ociosos,
sino los retirados estudiosos!
Sabed que con hábil zapatero
estudié un año entero:
él, dale que le das a sus zapatos,
y alternando silbábamos a ratos.
En fin, viéndome diestro,
"vuela al campo -me dice mi maestro-
y harás ver a las aves de mi parte
lo que gana el ingenio con el arte."

Félix María Samaniego