A esto es a lo que llamo yo un “aquí te pillo, aquí te mato.” Me explico:   Que te llame un amigo al que no tienes la suerte de ver muy a menudo diciéndote que está en la puerta de tu casa, que se queda un día contigo pero que al día siguiente volverá a marcharse. Que ese amigo sea músico y luthier y que, además, traiga consigo una preciosa guitarra de casi cien años…   Proponerle tocar juntos una preciosa Sonata de Vivaldi y, aunque dijo no haberla escuchado antes, ser capaz de acompañarme y tener el placer de comprobar que aunque la música -llamemos- clásica no es lo que él acostumbra a tocar, el dominio de su instrumento y sus “tablas” fueron capaces de emocionarme de tal forma que decidimos, esa misma tarde, grabarla para nuestro regocijo personal.   Lo de la imagen del post fue un capricho mío. Se levantó un momento del sofá para “no se qué” y le hice una foto a su guitarra…   Vivaldeando es lo que dijo que estábamos haciendo, así que yo le contesté: “Sonateemos, pues.”   Gracias Neris, por ese rato magnífico, por tu presencia y, por qué no decirlo también, por tu paciencia.

La nº 3 de Telemann es una de las fantasías para flauta que más me gusta. Hoy he estado un buen rato leyendo la partitura una y otra vez; estudiando con la flauta, soplando y resoplando, intentando conseguir que cada nota sonara afinada y notando la enorme dificultad del ejercicio…

No he podido evitar acordarme del gran maestro octogenario holandés Frans Brüggen y sus maravillosas interpretaciones. Desde luego, la grabación en YouTube de Frans Brüggen interpretando la mencionada fantasía en 1967 con su famosa flauta Bressan es, en mi opinión, la mejor que he oído jamás.

He de reconocer que intentar tocarla de nuevo, después de haberla oído, es de lo más frustrante, pero eso no quita para que siga disfrutando, cada vez que lo intento.