En el capítulo III de su República, Platón consideraba que la flauta no estaba entre los instrumentos preferidos para la educación en la Antigua Grecia, toda vez que la flauta afeaba a Atenea, la diosa de la sabiduría, la inteligencia y la guerra. No era como la cítara, que se consideraba un instrumento “apolíneo”, sino que pertenecía al grupo de los instrumentos dionisíacos, que provocaban la excitación y el entusiasmo.

Aristóteles, en el capítulo V de su Política, rechazaba el empleo de la flauta negándole carácter moral, por impedir el uso de la palabra; sólo la aceptaba en los espectáculos.